Back to the .... PAST

Todos aquellos que nos consideramos fanáticos (por no decir, amantes) del automóvil, disfrutamos de todas aquellas sensaciones que nos trasmite el estar tras un volante. Incluso cuando no manejamos, disfrutamos de los sonidos y olores que estas máquinas de cuatro ruedas nos transmiten. Sin embargo, pocos son los que se ponen realmente a analizar cómo fue que somos víctimas del “virus automotriz” y cómo, desafortunadamente, hoy en día, cada vez somos menos. Para esto nos tenemos que brevemente remontar a la propia historia del automóvil.

Como bien se sabe, el automóvil es un invento nacido a finales del siglo XIX. Éste fue creado como consecuencia de la revolución industrial, como un sustituto a las carrozas a caballo. No obstante, fue su utilidad más que su gusto lo que impulsó a este “artefacto” a volverse cada vez más parte de la vida del hombre, efectivamente cambiando el estiércol por el vapor (y posteriormente el monóxido de carbono) como residuos del uso de este medio de transporte. Pero no hay que olvidar que el automóvil, en su infancia, era meramente un método de transporte y no un método de entretenimiento. Se necesitaron algunos años para que algunas “mentes brillantes” decidieran experimentar con la idea de ir más y más rápido en aquellos “artefactos”. Es precisamente en este tiempo de la historia del automóvil que nacen los primeros “Gear Heads”; hombres obsesionados con la idea de competir y sacar el mayor provecho y velocidad al automóvil y disfrutar de la conducción. Estos son nuestros antepasados y a los cuales todo “Gear Head” le debe respeto y reverencia. Ellos, junto con sus máquinas fueron los culpables de que hoy en día existamos aquellos que gustamos de sentir la aceleración de un motor atmosférico; de “remar” una caja manual de 3, 4, 5, 6 o 7 velocidades (especie ya en extinción), de gozar de un punta-talón bien hecho al hacer un cambio descendiente, de estar en estrecha comunicación con la dirección del automóvil y sentir e interpretar todo lo que éste hace; o simplemente del gusto de no tener nada que hacer y salir a manejar con espíritu y desconectarse del mundo y conectarse con el automóvil.

Sin embargo, he aquí donde encontramos el frijol en el arroz y el porqué del “berrinche” del suscrito.

Si bien es cierto que en los últimos 25 años la tecnología a alcanzado niveles nunca antes vistos en la historia de la humanidad, y que mucha de esta tecnología ha hecho de nuestras vidas más fáciles y cómodas, también es cierto que estos avances no llegan sin consecuencias. Aun y cuando estos avances tecnológicos también se han aplicado a los automóviles para hacerlos más seguros, más económicos (o “Verdes” para ser políticamente correcto), es un hecho que el automóvil se está volviendo cada vez más “autónomo” y aburrido. ¿A qué me refiero? En el afán de querer innovar tanto y tan rápido dentro del mundo automotriz, poco a poco nos han ido privando a los humanos (o pilotos, para el que le aplique) de las sensaciones crudas y maravillosas que hicieron a los automóviles divertidos. Cada vez existen más y más “niñeras” electrónicas que nos cuidan hasta del posible meteorito que seguramente caerá frente a nosotros y que tendremos que maniobrar para esquivarlo; eso sí, sin el más mínimo esfuerzo, sin asustarnos y sin que se vierta nuestro café o chi-latte. Hoy en día hasta los propios automóviles “platican” con las computadoras y se chismean sobre qué les duele (léase, los famosos escáners). Hace no mucho, si algo le fallaba al automóvil, podíamos abrir el cofre y muchas veces por simple deducción mecánica, sabíamos lo que andaba mal, e incluso los más diestros y/o aventados lo podían arreglar en el momento con un poco de ingenio, unas pinzas y una llave española. Ahora, uno necesita tener tres doctorados en ingeniería informática y sistemas, egresados del M.I.T. para entender qué le sucede al automóvil. Cada vez más la experiencia de conducir se asemeja a la de estar sentados jugando PlayStation o Xbox. Nos están volviendo insensibles a todos los sonidos, olores y sensaciones que durante tanto tiempo hicieron divertidos a los automóviles; y eso es una gran lástima. ¿Qué pasará en unos años más? Evidentemente, los automóviles serán inyectados de más tecnología, haciéndolos cada vez más aburridos. ¡Incluso ya hay experimentos que pretenden que los automóviles se manejen solos! ¡Blasfemia! Se avecina un regreso al pasado para nuestros queridos compañeros mecánicos. El automóvil volverá a sus inicios a ser un mero medio de transporte. Y todos aquellos contagiados del “virus”, ¿qué será de nosotros? Nos quedaremos como niño sin juguete y tendremos que buscar otra forma de divertirnos con algo que se mueva a base de combustión interna, o por lo menos, sin “niñeras” (motos, podadoras, sierras eléctricas…).

Lo más triste de este relato es la inevitabilidad de las cosas y del avance tecnológico, así que, a menos que un milagro automotriz suceda, cada uno de nosotros “Gear Heads” nos iremos extinguiendo y nuestras experiencias y/o anécdotas automotrices se propagarán como historias ancestrales en múltiples reuniones a la luz de una fogata y con un buen vino.

Por: Federico Coronado Guerra.

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