Karl Jochen Rindt

En estas breves líneas trataré de acercarlos un poco a las grandes leyendas del automovilismo deportivo internacional, en especifico, de Fórmula 1.

Empezaremos (aleatoriamente, simplemente porque quiero) con una de las figuras más emblemáticas que nos ha dado esta disciplina motor.

Karl Jochen Rindt nació en Mainz, el 18 de abril de 1942, pero se crió en Viena, Austria. Mucho antes de tener al famoso James Hunt, este singular personaje agraciaba el paddock e impresionaba en los circuitos de carreras. Poseedor de una habilidad nata para el volante y de un empuje y determinación impresionante (en ocasiones considerado como excesivo y sin medir el riesgo), Rindt se marcó un lugar permanente dentro de las grandes figuras de la Fórmula 1 de antaño. Aun cuando no poseía las estadísticas de otros grandes (6 victorias en 60 grandes premios, 10 pole positions, un total de 1,905 kilómetros recorridos en la primera posición y Campeón del Mundo en 1970), el talento de Rindt no pasó desapercibido.

Rindt era un piloto completo y prueba de ello fue su victoria en las 24 horas de Le Mans en 1965, a bordo de un Ferrari 275 LM del equipo N.A.R.T. (North American Racing Team de Luigi Chinetti), haciendo mancuerna con Masten Gregory. En 1966, en el circuito de Spa-Francorchamps, mientras conducía a 260 km/h, tuvo a bien trompearse por triplete sin golpear nada. Tal control y arriesgue de Rindt le valió ganarse la aprobación y confianza nada más que del mismísimo Jack Brabham, quien comentó después a manera de broma que si lo mismo le hubiese pasado a él, se habría detenido y colgado su casco para siempre.

Al principio, Rindt no siempre contó con los autos más competitivos. Su Cooper montaba un Coventry Climax débil y el Cooper Maserati montaba un motor demasiado grande y poco fiable. No obstante, Jack Brabham le da la oportunidad en 1967 en un Brabham BT23 Fórmula 2 de Roy Winkelmann, alzándose en lo más alto del pódium.

Sus mejores años en la Fórmula 1 llegaron más tarde y en 1969 ganó su primera carrera en el circuito de Watkins Glen en Estados Unidos a bordo de un Lotus 49, ya bajo las órdenes de Colin Chapman. En 1970, ganó sus otras 5 carreras hasta la llegada del Gran Premio de Italia en Monza, en donde en las prácticas para la carrera y frenando para tomar la famosa Curva Parabólica, pierde un neumático, lanzando su Lotus 72 hacia el muro, falleciendo otro grande del deporte el 5 de septiembre de ese mismo año.

Sus 5 victorias previas le valieron suficientes puntos para coronarse Campeón del Mundo en 1970, honor que le fue otorgado post mortem. Rindt sigue siendo el único piloto de Fórmula 1 que gana el campeonato habiendo fallecido antes de terminada la temporada. Nina Lincoln, viuda de Rindt, comentó tiempo después en una entrevista, que previo a la carrera de Monza de 1970, el propio Rindt le pidió a Colin Chapman que le dejara conducir el Lotus 49 y no el 72, ya que Rindt no se sentía cómodo con ese auto, tomando en consideración las altas velocidades que se alcanzaban en Monza. Se dice que Chapman le contestó a Rindt que, o conducía el Lotus 72, o no correría la carrera. ¿Premonición? ¿Coincidencia? ¿Destino? Dejémoslo para otra discusión.

Por: Federico Coronado Guerra

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